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Toma tu té, foca de mierda

El otro día fui a un bar y pedí un té. El camarero cuando llegó a la mesa dijo bien claro:

-Toma tu té, foca de mierda.

Además, alguien estaba grabando un audio con el móvil, así que estas palabras quedaron registradas.

En este bar la gente es muy chachi

Yo me quedé sorprendida y al principio no supe cómo reaccionar. Enseguida vino otra camarera a cambiar de tema y empezó a explicarme cosas que no entendí sobre las focas y el calentamiento global.

-Pero me ha llamado foca de mierda-, dije. Y me dirigí al dueño del local, que gentilmente me dijo:

-Te comprendo perfectamente y en este bar no hemos querido ofenderte de ninguna manera, ha sido una malinterpretación sacada de contexto.

-Pero está grabado-, dije – Ha dicho foca de mierda. Quiero una disculpa.

El dueño guardaba silencio así que me dirigí al camarero:

-Has dicho foca de mierda y tu actitud está siendo muy retorcida al no admitirlo.

El camarero soltó un discurso hacia todos los que estaban en el bar diciendo que jamás diría algo así, que condenaba toda la gordofobia y que siempre había sido un fiel defensor de los derechos de las focas. Y cuando yo hablaba se tapaba las orejas y decía:

-Calla chucho que no te escucho.

Así que me quedé sin disculpa. Pero no terminó ahí la cosa. Todos los clientes del bar empezaron a lanzar indirectas sobre cómo se atreve la gente a meterse con el pobre camarero, que se le ha sacado de contexto y que tiene una familia y lo está pasando mal.

Pero a mí me habían llamado foca de mierda, habían ignorado mi necesidad de reparar el daño, me habían ninguneado y además ahora me desacreditaban poniendo al pobre camarero de víctima y yo de cruel verdugo.

El té estaba frío y demasiado amargo, pero la taza era preciosa

Al final tuve que pagar la cuenta y en el tiquet el pobre dueño escribió “lo siento” con una carita sonriente.

Todos los clientes empezaron a hablar sobre lo que molaba ir a ese bar, que era un bar genial porque además te pedían disculpas cuando ni si quiera hacía falta.

Por cierto, el té estaba frío y demasiado amargo para tragarlo, eso sí la taza era de lo más bonita.

Desde luego, no he vuelto a pisar ese bar ni lo pienso hacer en mi vida.

Bueno, si te digo la verdad esto no pasó exactamente así, pero podría haber pasado perfectamente 😉

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